PORTAL DE GESTIÓN DEL ABSENTISMO

Efectos de la carga mental, la fatiga y la motivación

Imprimir Compartir Efectos de la carga mental, la fatiga y la motivación Compartir Efectos de la carga mental, la fatiga y la motivación Compartir Efectos de la carga mental, la fatiga y la motivación Compartir Efectos de la carga mental, la fatiga y la motivación

OPINIÓN DEL EXPERTO

28/10/2014

Es septiembre y el invierno está cerca. Las autoridades sanitarias han avisado de que este año la epidemia de gripe será de especial virulencia. Por ello, van a hacer un gran acopio de vacunas para evitar que un gran número de personas sufran esta enfermedad común que sin ser especialmente peligrosa es, indudablemente molesta y obliga a quedarse en casa guardando reposo y dejando de trabajar.

Juan ha faltado seis días a su trabajo debido a una caída aparentemente fortuita. Una distracción le hizo que no viese una señal que indicaba que había un líquido resbaladizo en el suelo. Aunque la señal estaba bien colocada, Juan no la vio y cayó torciéndose la rodilla y ha tenido que quedarse inmovilizado en casa durante estos días.

Estas dos situaciones que provocan absentismo laboral son el pan nuestro de cada día en las empresas. Además, se las considera “normales” y casi inevitables. Por ello, no tendríamos quizás que preguntarnos por sus causas y sus posibles remedios. Es lógico y explicable que una epidemia de gripe o una caída aparentemente fortuita lleven a un trabajador a la cama o a llevar una escayola que le impida trabajar. Estas situaciones ocurren a diario en todas las empresas de todos los sectores. Juan es uno de esos miles de trabajadores que faltan al trabajo por razones consideradas normales, por ello las empresas  tienen previstos mecanismos para cubrir esas bajas y asumir el coste económico que conllevan.

Sin embargo, una mirada más atenta a estos fenómenos comunes puede ofrecernos una perspectiva diferente y quizás una forma de enfrentarnos a ellos que nos lleve a, si no evitarlos totalmente, si a reducirlos. Es posible que si consideramos estos fenómenos desde la perspectiva de las investigaciones científicas sobre Ergonomía y Psicosociología podemos encontrar formas de reducir el riesgo de incidencia de una enfermedad común, considerada inevitable, o de un accidente laboral sin importancia provocado por un fallo atencional. Si esto fuese posible podríamos también ayudar  a reducir una de sus consecuencias más comunes, su incidencia sobre el absentismo laboral. 

Aunque, no podemos evitar que los virus de la gripe lleguen este invierno como todos los años,  también es verdad que el sufrir una gripe o no dependerá del estado de nuestro sistema inmunológico. Cuando nuestro sistema inmunológico está deprimido, la probabilidad de que un virus nos afecte es mayor. De la misma manera, aunque siempre es posible que no nos demos cuenta de que hay una señal de peligro, también es verdad que si nuestro sistema atencional está funcionando mal, la probabilidad de que tengamos un despiste será mayor. Eso es algo que todos los conductores de coches sabemos. Hay días en que, por diversas razones, estamos más despistados y no vemos las señales de tráfico.

El psicólogo inglés G.R.J. Hockey ha estudiado los efectos físicos y psicológicos que observamos cuando se combinan varios factores que encontramos frecuentemente en un lugar de trabajo, como son las demandas que nos impone nuestra tarea, el control que tenemos sobre lo que podemos o no podemos hacer y como lo hacemos y  el esfuerzo que ponemos en hacerlo. Las demandas que nos impone nuestra tarea es lo que se ha venido en llamar carga de trabajo. Hay trabajos donde se nos exige un esfuerzo superior al que podemos hacer. Este esfuerzo depende de nuestras habilidades pero también de nuestras condiciones mentales y físicas en un momento determinado. Todos sabemos que hay días en que estamos más agotados que otros y el mismo trabajo nos cuesta más aunque sepamos hacerlo de cualquier manera. Pero sobre todo la carga de trabajo depende de la complejidad y la dificultad de la tarea que tenemos que realizar, la complejidad de los instrumentos que tenemos a nuestra disposición, los turnos de trabajo que estamos haciendo, los descansos, etc.

Por su parte, el control sobre nuestro trabajo hace referencia a las posibilidades que tenemos para organizarnos para hacer las tareas como mejor se adecuen a nuestras habilidades y nuestro estado físico y mental en un momento determinado. Sabemos que muchas veces se nos imponen unas normas muy estrictas, difíciles o imposibles de cumplir sobre la forma de hacer nuestro trabajo, que hacen que no tengamos flexibilidad para adaptarnos a él.

Finalmente, existe un factor motivacional muy importante que debemos de tener en cuenta al hablar de la actitud con la que nos enfrentamos a nuestro trabajo. Dependiendo de muchas circunstancias, en cada momento estaremos dispuestos a dedicarle más o menos esfuerzo a realizar bien nuestro trabajo.  En este sentido, es necesario recordar que muchas veces las empresas olvidan que los trabajadores son seres humanos a los que hay que motivar adecuadamente y no tenerlos continuamente en un estado de angustia pensando que no le importan nada a sus jefes y que pueden ser “prescindibles” en cualquier momento. Desde esta perspectiva, es casi imposible que, en estas circunstancias, se les pida que consideren los objetivos de la empresa como suyos y que dediquen todo su esfuerzo para alcanzarlos.

Según este investigador, si realizamos un trabajo que nos demanda muchos recursos físicos y mentales y, además,  tenemos poco control sobre  como lo hacemos nos podemos encontrar en una de dos posibles situaciones, dependiendo de la motivación que tengamos para dedicarle el esfuerzo necesario:

1ª.- Si hacemos mucho esfuerzo vamos a hacer bien nuestro trabajo pero sufriremos ansiedad y fatiga (que, entre otras cosas, reduce nuestra capacidad atencional), y a nivel hormonal las glándulas  suprarrenales generarán un aumento de adrenalina, noradrenalina y cortisol con las consecuente afectación del sistema inmunológico que conllevaría  una mayor vulnerabilidad para padecer otro tipo de enfermedades (por ejemplo, la gripe).

2ª.- Por el contrario, si no dedicamos el esfuerzo necesario, evitaremos evidentemente, la fatiga pero  haremos peor nuestro trabajo y aún así no conseguiremos que el nivel de cortisol no suba. Además, aunque es verdad que vamos a reducir la fatiga es posible que incluso no evitemos la angustia por que veremos que no estamos haciendo lo que deberíamos. Esta angustia también puede afectar negativamente a nuestro sistema atencional.

El control sobre nuestras tareas cuando las demandas son grandes reduce la angustia y asegura que el trabajo se haga bien. Sin embargo, aún en estas condiciones si se mantiene la carga de trabajo alta los niveles de Adrenalina y Noradrenalina serán altos y, por tanto, sufriremos sus efectos negativos sobre el sistema inmunológico.

Por tanto, lo que las investigaciones realizadas por este psicólogo muestran es que las altas demandas de las tareas (alta carga de trabajo) pueden conducir a hacer peor nuestro trabajo, dándose situaciones de falta de atención que pueden llevar a accidentes y altos niveles de hormonas como la adrenalina, noradrenalina y el cortisol.  Este efecto negativo de la carga de trabajo puede ser modulado por los otros dos factores que este investigador ha estudiado. Cuando exista una carga de trabajo alta, si el trabajador tiene control sobre como hace su trabajo puede reducir su fatiga aunque no pueda evitar el efecto negativo sobre el sistema hormonal. Sólo si está motivado y dedica esfuerzo a su tarea, puede evitar la fatiga y además prestar atención a ella para hacerla bien y  no tener accidentes, aunque siga presente el efecto negativo sobre el sistema hormonal y, por tanto, sobre el sistema inmunológico. La mejor situación será, evidentemente, la de una carga de trabajo adecuada, un buen control de las tareas por parte del trabajador y una buena motivación. En esta situación reducimos los efectos negativos sobre el sistema inmunológico y los accidentes debidos a fallos atencionales.

Estos resultados muestran que los problemas de absentismo debidos a circunstancias considerables inevitables, como la aparición de un virus, o a fallos humanos considerados normales, pueden tener explicaciones relacionadas directamente con las condiciones laborales. Si reducimos la carga de trabajo, dejamos que el trabajador  tenga flexibilidad para organizar sus tareas y  le motivamos para que haga un esfuerzo adecuado, evitaremos algunos efectos negativos sobre su sistema inmunológico y sus capacidades atencionales. Indudablemente estos factores no son los únicos que juegan un papel en la explicación del absentismo. Se puede argumentar que el sistema inmunológico está afectado también por las condiciones físicas del trabajador (tabaquismo, etc.) y que los fallos atencionales pueden ser debidos a otros factores (no haber dormido bien la noche anterior, etc.). Sin embargo, lo que las investigaciones como las llevadas a cabo por G.R.J. Hockey muestran es que los factores ergonómicos, psicosociales y organizacionales son también importantes y deben ser tenidos en cuenta por las empresas, sobre todo porque existen métodos para evitar sus efectos perniciosos.

José J. Cañas

José J. Cañas es Licenciado en Psicología por la Universidad de Granada y Doctor en Psicología Experimental por la University of South Florida, USA. Actualmente es Catedrático de Ergonomía de la Universidad de Granada. Su actividad docente e investigadora en el ámbito nacional e internacional ha estado centrada en los aspectos psicológicos de la interacción de los seres humanos y el ambiente. Fundador del Grupo de Ergonomía Cognitiva de la Universidad de Granada donde se llevan a cabo proyectos de investigación sobre modelos mentales, solución de problemas complejos y dinámicos, toma de decisiones, aspectos psicológicos del diseño de interfaces y modelamiento de tareas complejas y dinámicas. Ha dirigido proyectos de investigación y colaboración con instituciones públicas y privadas

 

Mutua Intercomarcal 2017 | Aviso legal